Cualquier amante de la música de los 70 y finales de los 60, especialmente del rock sinfónico y progresivo, sabrá sobradamente lo que es un mellotron. Es más, si se lo preguntáis, su cara se tornará en una expresión un tanto ida y placentera, o bien os mirará con el inevitable desdén que sin duda sentirá hacia quien no ha experimentado el orgasmo auditivo derivado de escuchar los cálidos acordes melotrónicos.

Parece una cocina de gas con tapa, pero no, es un mellotron
Una vez pasado el estado transitorio de enajenación mental, tal vez se anime a explicaros que se trata de un instrumento un tanto viejuno, cuyo funcionamiento se basa en la reproducción de pistas de audio grabadas en cintas magnéticas mediante la pulsación de teclas similares a las de un piano. Sí, tal como lo oís. Esas cintas contienen grabaciones de sonidos orquestales: cuerdas (violines, violas, cellos… en diversas combinaciones), flautas, metales (trompetas, cuernos, etc), percusión, e incluso coros, tanto masculinos como femeninos. Dichas grabaciones se llevaron a cabo con unas notables carencias técnicas, dando lugar a una calidad de reproducción bastante pobre. Las cintas, una por cada tecla, se accionan en el momento de pulsar éstas y su duración es de unos 8 segundos, requiriendo un rebobinado una vez terminadas para poder volver a sonar. El rebobinado tarda 1/8 de segundo, algo perfectamente perceptible por nuestro oído, con lo que la duración de las notas o acordes queda limitada. Ah, los primeros modelos pesaban en torno a 140 kg, toda una pesadilla para el transporte y las giras. Llegados a este punto, os estaréis preguntando dónde está el secreto de la adoración casi divina hacia este extraño instrumento.

¿Os molaría tener uno? Pues iros olvidando; apenas se fabricaron unas 2500 unidades, y sólo pueden adquirirse actualmente de segunda mano, a precios prohibitivos
Paradójicamente, el secreto está en la pobreza de la grabación de los instrumentos reales a imitar. El sonido final, un tanto extraño, pero cálido y muy agradable, con cierta aura melancólica, es tan distintivo y característico que con el tiempo se ha ganado una reputación por sí mismo, olvidando aquello a lo que pretendía emular. Tanto que, en la actualidad, parece haber una especie de “revival” en el uso del mellotron, fundamentalmente dentro de la escena progresiva, llena de amantes de esos sonidos vintage tan característicos de sus influencias setenteras.
Yo mismo admito ser un fanático del sonido melotrónico, que parece atrapar cual canto de sirena, hasta el punto de llegar a la cuestionable asociación de “uso del mellotron=calidad”, sea cual sea el estilo y las composiciones. Bueno, no es para tanto, pero casi. Lo cierto es que la gran mayoría de bandas que tienden a utilizarlo generosamente me gustan muchísimo.

Tenía que aprovechar la ocasión para incluir tan mítica portada. ¿Qué sería de este disco sin mellotron? No existiría. ¿Y qué sería de nosotros sin este disco? Nuestra vida merecería la pena un poquito menos
Recientemente, una joven llamada Dianna Dilworth ha tenido la brillante idea de crear un documental sobre el venerado aparatito, un documental titulado Mellodrama que promete tratar en profundidad, con entrevistas a importantes músicos, el desarrollo e influencia del mellotron en el mundo de la música. Entre los entrevistados podemos mencionar a Ian McDonald de King Crimson, Mike Pinder de The Moody Blues (uno de los primeros maestros del instrumento) Patrick Moraz de Yes o Mikael Åkerfeldt de Opeth. Actualmente se está exhibiendo en varios festivales de cine independiente, y por lo visto en el mes de mayo pudo verse en Madrid, cortesía del Círculo de Bellas Artes. Podéis ver el trailer aquí.
Y recordad: amaréis el mellotron sobre todas las cosas.


















